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Si me ves llegar.

“Si me ves llegar, tú no te agobies. Me iré tan rápido como los recuerdos que nunca volverán a encajar en el puzzle del olvido. Te lo prometo.

Si me ves llegar, cuéntaselo a todos tus miedos. Diles que ya nada podrá contigo y que estás preparada para comerte el mundo a bocaditos de mí. Que ya se acabaron los momentos de sentirte perdida y que ahora eres tú quien necesita un poquito más de ti.

Venga, hazlo. Al menos hasta que cualquiera se vista de tu sabor favorito y te haga olvidar la única historia que te hizo borrar la línea del tiempo.

Hazme un favor y cuando me veas llegar, no hagas caso a nuestra historia. Ya sabes que es demasiado increíble como para bordarla en palabras y sólo te servirá para pintarte de una felicidad que se olvidó de todo lo que fuimos. No mereces que tu sonrisa desaparezca de un rostro encorsetado por las ilusiones del pasado. No mereces nada que no sea ser feliz.

Sonríe princesa.

Por mí no te preocupes. Yo sacaré tiempo para dejarme morir poco a poco en la mirada de aquel que aún sin saber apreciar un poema, te haga cambiar de estrofa al mismo tiempo que empieza a olvidar tu nombre.

Me veas llegar o no, nunca hagas caso a tus complejos. Ellos sólo quieren que olvides tu belleza en cualquier esquina de tus miedos. Ojalá ellos te pudieran dibujar como lo hizo una mirada que cuando te vio se apagó para empezar a sentirte de la forma más auténtica. La que ya muy pocos conocemos. Créeme, muy pocos.

Y aunque nunca te lo dije, quiero que si me ves llegar me cruces la cara con la mejor de tus sonrisas. Lo más fuerte que puedas, no te cortes. Sólo así dejarás de hundirte bajo atisbos de una culpabilidad que te desmerece. Sólo así sabrás que me has olvidado y al menos uno de los dos vivirá.

Aun así quiero que me prometas que cuando me veas llegar, te guardarás cada una de tus lágrimas. Ellas se merecen a alguien mucho mejor de lo que nunca seremos y jamás volverá.

Complicado, lo sé, pero llegará. Te lo prometo.

Y no hagas caso a las mías, sólo pretenden ocultar lo que siempre será tuyo. Ahora me toca a mí enseñarles a no buscar tu reflejo y a explicarles que ya no encontrarán tus caricias en un rostro que guarda cada roce de tus labios.

Hazme caso y, si me ves llegar, no pierdas el tiempo. Recuerda que tú vales más que cualquier elogio maquillado. Ya bastante tienes con soportar enamorar con la simple naturalidad de una belleza al alcance de unos pocos. Aquellos que algún día sabrán valorar lo especial y única que eres. Te lo prometo. O tal vez no.

Aun así, hazme un favor y por una vez deja de pensar en nadie que no seas tú. Como si tuvieses en tu mano la opción de dirimir qué tiempo te corresponde y en qué sabor te sumerges el café de la distancia.

Lo más importante, es que si me ves llegar, y sólo si eso ocurre, no te acerques de nuevo a un adiós. No mereces que ninguno de tus límites se olvide de ti ni un instante. Porque aunque no me creas, no existe peor forma de despedirse que hacerlo de uno mismo. Y te confieso que yo me despedí el día que tu voz pasó a ser un silencio que separó las letras de un te quiero.

Cóbrate cada segundo que nos separa en la seguridad que siempre te has merecido. Hazlo para que los demás puedan encontrar un secreto que siempre guardaré en el único rincón de lo que queda de mí. El mismo que te piensa a gritos en el fondo de un atardecer que murió al pronunciar tu nombre. Ése que sigue escribiendo dentro de una botella los retales de un adiós en la orilla de ninguna parte…

… sí, ya sabes. Ése.

Y si me ves llegar, y a pesar de todo, sonríe.

Porque algún día,

cuando menos te lo esperes,

alguien volverá a robarte lo que alguna vez fue mío.

Porque si me ves llegar,

y sin que te des cuenta…

… te prometo que yo ya me habré ido.

 

Sonríe princesa…”

 

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Flamencólica, árabe y gitana.

“Antes que nada, trata de encontrar el sitio más cómodo que tu impaciencia te permita porque esto va a empezar.

Prepárate para reencontrarte con tu lado menos coloreado, el más olvidado, el más auténtico. El que tiempo atrás dejó de creer en medias verdades, y el que dentro de un instante se verá retratado en un ramo de sensaciones de color esmeralda. Sus ojos. Yo te aviso.

Flamencólica, árabe y gitana.

La que te invita a sentarte en la butaca más recóndita de la sala de tus pensamientos. Aquello que hace que te abandones en la sensualidad del ritmo de cada uno de sus pestañeos. Créeme si te digo que ella es el capricho de primavera que comienza bajo las caricias de una guitarra con tintes flamencos. No, en serio, créeme.

Si te pierdes, ya puedes ir pensando en hacerlo en el lado más acogedor de su voz, la voz de la elegancia. La sensualidad de un leve tintineo rozando tu teatro más íntimo. Notarás el sonido más lindo capaz de atrapar cada respiración que te nace al verla. O bueno, que simplemente te nace.

Así que cuando puedas, ábrete el telón de lo inesperado y deja que entre bien la luz de su mirada. La que es capaz de robarte los segundos más intensos de tu mejor momento como de ahogarte en aquel lugar en el que desborda la belleza más desconocida. No creas que exagero.

Da lo mismo, lo importante es que logres verla entre todas estas vendas metafóricas. O al menos intuirla. O sentirla. O adivinarla. O sólo. O con leche. O yo que sé.

Y es que si quieres puedes dejar tus expectativas ahí, entre lo que conoces hasta ahora y lo desconocido de su sonrisa, porque ella es la que envuelve en delicadeza el cuerpo desnudo de la inocencia. Es la humedad del mediterráneo en los labios infinitos del mar más profundo. Y yo no te mentiría, ya sabes.

Además he de confesarte que todo tu sentimiento te está esperando en una escena, la escena de sus labios. En un susurro la mejor interpretación del verbo soñar. Es el velo más atractivo que escapa los rasgos de un comienzo, o como el aroma andaluz capaz de perfumar el rostro del deseo.

Bueno, igual no tanto. O quizás sí.

Y por eso me imagino que sabrás de quién te hablo. Te hablo de la gama de colores de la palabra más perfecta. Una palabra escondida en la más profunda de las verdades. La misma que mima la melodía que arropa la pureza del talento. Aquella que por H empieza y resume en un nombre los pasos del baile de la locura.

Flamencólica, árabe y gitana.

Porque cuando la veas, entenderás que ella es el escenario de un espectáculo que no entiende de finales.

Porque cuando la veas,

harás únicamente eso…

… comenzar a soñar.

Y cuando eso ocurra,

y sólo entonces…

… comenzará tu final.”

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Encájame.

“Encájame. En tu casa o en la mía, pero encájame.

Hazlo como cuando cubres tus inquietudes con esa ropa de marca o cuando acudes a un peinado que reproduce una actitud que cuadra a la perfección en una batería de expectativas. Hazlo hasta lograr despedirte de aquello que espera impaciente en tu más absoluta intimidad moviendo el rabo de la infelicidad.

Venga va, encájame. Ahora que nadie está mirando.

Y procura hacerlo bien, porque el miedo a estar sólo es aún peor. Sentir la presión de lo marcado con la tinta de lo habitual sin poder dibujar las letras de un camino aún por interpretar. Las mismas letras que resumen el contenido de una personalidad. Las mismas que me olvidaron hace demasiado tiempo.

Ya vale, ¿no? Encájame. Pero que no duela. Que bastante tengo con ver cada día en el espejo los retales de un rostro restaurado con el hilo de cualquier ilusión.

Hazlo por los momentos en los que el miedo a no sentir una bienvenida te ha obligado a subrayarte en una mentira, por esa media sonrisa que cree amainar las mareas de los complejos mejor argumentados…, pero sobretodo, hazlo por el temor a no quererte tal y como lo harán aquellos que te conocerán.

Venga anda, encájame. Que no soporto el rechazo.

Te aseguro que no hago más que perderme entre mis propias caras sin poder conjugar bien la escenografía de un teatro rutinario. Aunque pensándolo bien, peor sería la vulnerabilidad de mostrarme tal y como soy. O no. Quién sabe. Dímelo tú.

Por eso te pido que me encajes. Para parecer más de lo que no soy. Para que así me tenga que preocupar únicamente de actualizar la seguridad de una imagen totalmente predecible.

Hazlo para que pueda olvidar lo mucho que valgo y lo absurdo de encontrar quien lo crea. O si lo prefieres, hazlo por esas etiquetas que arrastras y que durante un tiempo han perdurado junto a ti rozando el límite de la autoestima.

Encájame para no verle la cara al fracaso, que seguro que es la mejor versión de mí mismo.

Ordéname en el puzzle de las piezas imperfectas. Allá donde mi opinión se supedita a un tema vacío de sentimiento, sin interés para un público que busca verdad e improvisación. Al final me veo bajo el puente de la arrogancia y sin tiempo para mostrarme tal y como quiero ser.

Olvida todo lo que te han dicho hasta ahora y encájame. Que al final voy a terminar por conocerme.

Hazlo para evitar que el regusto amargo de las malas experiencias haga huella en una actitud que aleja a aquellos que te desconocen.

De modo que si me ves llegar, encájame;

porque no existe mayor miedo que el de no dejarse conocer.

Y cuando por fin te lo permitas…

… sabrás de quién estabas huyendo hasta ahora.”

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Algún día.

“Algún día entenderás por qué sigo contigo. Te haré entrar por la puerta de atrás de tus intimidades y sin pagar entrada. No te preocupes, encontrarás algo mejor que ellos. Algo como yo. Algo como tú. Algo como nosotros.

Algún día te confesaré de qué color son tus miedos. Por fin sabrás a qué saben los secretos que guardan cada uno de tus complejos. Podrás conocer por qué eres como eres y no como deberías ser y sin tiempo de secarte esas inseguridades de tu mirada.

Algún día te dejaré ver hasta qué punto te has desaprovechado. Yo te enseñé lo importante de no ser tú, te enseñé el límite de la mentira y de cómo me violabas a cada cual que te abandonaba.

Y es que algún día sabrás realmente quién soy. He estado ahí cada vez que te jugabas tus fracasos, cada vez que personalizabas tus mentiras y cada vez que escuchabas el silencio de tus sueños. Lo único que he recibido han sido un puñado de lamentos solitarios suplicando compañía al son de un piano desgastado y una copa de whiskey barato.

Algún día despertarás de tu maravillosa pesadilla. Te aseguro que no es demasiado fácil. Te aseguro que no es demasiado al contrario. Te aseguro que sí, que no, que caiga un chaparrón.

Pero no te preocupes, que algún día valorarás lo que he hecho por ti. De lo que podíamos haber sido de no ser por los dos. Te he empujado al borde de la nostalgia, allí donde se respira llanto y oscuridad. Allí donde ni siquiera esa seguridad que crees llevar te salvará de tu indolencia. Allí donde… me aburres.

He de decirte que algún día te contaré mi secreto. Hay quien no me conoce, hay quien me encuentra en aquel en particular. Hay quien no me soporta y quien no puede vivir sin mí. Algunos me justifican, otros me temen. Soy quien da sentido a la experiencia y quien aleja a tus intocables. En definitiva, soy un final y un comienzo. De tu vida y de la soledad.

Algún día me volverás a llamar cuando algo no salga bien. Me harás responsable de tus fracasos y desavenencias con tus aquellos. Pero nunca les cuentes qué fue de nosotros. Nunca les cuentes que he vuelto. Nunca les cuentes que volví a ser yo. Tu orgullo.

Sí, algún día encontrarás otro camino. Otro camino que no sea el de escupir improperios a cada amenaza que te saluda y el de dejar de prostituirte a cambio de un poco de atención desmerecida. Lo nuestro empezó en la amargura de un adiós y se mantuvo en la desesperación de un para siempre. ¡Quita, Coelho! ¡Que estoy escribiendo yo!

Sin duda algún día me pedirás que vuelva. He estado contigo cuando no te reconocías, cuando siempre creías tener razón; como cuando uno se folla a esa virgen llamada humildad y termina derramando las últimas lágrimas en la cara de la vergüenza.

Algún día, y sólo algún día, empezarás algo sin mí. ¿Recuerdas aquel que…? Ya no está. ¿ Y aquella que…? También se fue.

A pesar de todo, te prometo que algún día te dejarás ver tal y como se merecen tus ojos. Te darás cuenta de la mancha de verdad que guardas en la pintura equivocada. Te darás cuenta que nunca me has necesitado para saber lo mucho que significas.

Aunque no lo creas, algún día me dejarás ir.

Y algún día…

… cuando menos te lo esperes…

… volveré a por ti.”

 

Fdo.: Tu Orgullo.

 

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Vas a saber lo que es bueno.

“Para tener éxito hay que tener amigos. Para tener MUCHO éxito hay que tener enemigos”. Frank Sinatra.

Sí, sí. Tú. Vas a saber lo que es bueno. Sin miedo al qué dirán; sin miedo a mostrar tu autenticidad. Aquí no existe la mediocridad, aquí sólo existes tú.

No seas diferente. ¿Para qué? Si todos tus fracasos van a estar en boca de todos, alimentando el ego de los que muestran su maltrecha autoestima. Aquí se mide la felicidad en función de lo hundimos que estén los demás. Así que venga, tira para tu insulsa vida que los demás queremos que despilfarres tu tiempo en criticarnos.

Has decidido venderte. Sí, venderte. Además lo haces constantemente a un precio aún más bajo de lo que tu propia ignorancia es capaz de dejarte ver. Si total, lo importante son ellos, ¿No? ¡Venga! Que no engañas a nadie. Lo único que está en venta es el potencial que llevas puesto y aún no te atreves a salir en venta.

Vas a saber lo que es bueno. Sin medias tintas.

Has decidido humillarte. A partir de este momento. No eres capaz siquiera de tolerar los complejos verbalizados de los que pasan a tu lado con cara de mediocres. ¿No te cansas? Pregunto. ¿No te cansas de hacer caso omiso y seguir siempre con la cabeza bien alta? Ten cuidado no te vayan a emparejar con la arrogancia y para qué queremos más. Avisada/o quedas.

“Los grandes enemigos de la felicidad humana son dos: el dolor y el aburrimiento”. Arthur Schopenhauer.

Has decidido arrastrarte. Por la opinión que no compartes. Por los consejos que desconoces. ¿Ves aquello? Tú también. ¿Ves lo otro? Tú además. Y todo esto sin tiempo para secarte la soberbia de la cara. Muy bonito.

Has decidido que dejas de ser tú. Eso ya no se lleva. Ha pasado de moda. Es mejor ser lo que interpretas de las calumnias de los demás. ¿Para qué dejarse llevar y creer en uno mismo? Si total, ellos no pudieron y tú tampoco podrás, ¿No? Ten cuidado y tápate esas ganas de comerte el mundo que luego vendrán con piropos y hoy no está el lobo para cuentos.

Has decidido que no vas a cambiar. ¿Para qué? Lo importante es saber encajar y después ya veremos. No levantes la voz no vaya a ser que te despiertes y empieces a hacer algo de ruido, que aquí no queremos jaleo. Así que vete con la música a otra parte que siempre habrá alguien que quiera verte tocar. A no ser que tus gustos se declinen por el reggaetón, en cuyo caso he de decirte que existen psicólogos muy buenos ahí fuera y te animo a que dejes de leer y vayas tras ellos ahora mismo.

Vas a saber lo que es bueno. Además de verdad.

Lo que te digan, lo haces. Sin más. No experimentes ni intentes innovar, que al final te vas a convertir en un discípulo de un producto publicitario que nació en no sé qué pesebre y acabó en no sé qué cruz. Ya sabes, esa insoportable manía de no dejarse manosear. ¿Quién te crees que eres? ¿Brad Pitt? ¿Paquirrín?

Abandona tus proyectos. ¡Pero hombre, por favor! A quién se le ocurre tener una idea hoy en día que es cuando está todo inventado. ¿A qué juegas? Te parecerá bonito seguir pensando, desarrollando, creciendo, evolucionando, progresando, perfeccionando… Ni que fueras Presidente del Gobierno. O Belén Esteban.

Has decido que no sirves para esto. ¿Todavía sigues pensando que si? Hazte así que tienes un poquito de orgullo en la cara y eso no es bonito, no vaya a ser que llegues lejos y te empiecen a mirar como lo que realmente eres.

Has decidido lo más importante: ser valiente.

Porque lo único verdadero es eso que tienes….

 

… tus ganas de ser quien en realidad eres.

“Tanto gilipollas y tan pocas balas”. Ford Fairlane.

 

Ella…

“Hasta que no te valores a ti mismo  no valorarás tu tiempo. Y hasta que no valores tu tiempo no harás nada con él”. M. Scott Peck 

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Ella…

Aquella dulzura de un rostro silueteado por el tiempo, aquellas manos temblorosas sujetas al último apoyo de su vida. Una desdeñable soledad ahogada en el último suspiro de una sonrisa… Ella. Sentada en la melancolía de aquel oscuro banco trataba de descifrar cada historia que se mecía ante sus frágiles recuerdos y que la miraba con cara de infortunio.

Ella sabía del desasosiego de aquellas personas. Sabía lo duro que resultaban cada una de las decisiones que direccionan la vida; la rigidez de esa soledad primeriza que te ahoga las ansias inocentes de la juventud, la rugosidad de esa indefensión ante lo desconocido, el férreo desconocimiento de un futuro cada vez más empolvado en decepción y dudas…

No podía creer tanta tristeza, el martilleo de unos miedos que parecían asomar tímidamente por la precariedad de los ojos de aquella gente. Todos ellos gozaban de algo que parecía pasar ante sus ojos con la rapidez de sus sueños… El tiempo. Ellos tenían la esplendorosa oportunidad de vivir… Pero parecían no darse cuenta.

Sus suspiros escapaban desesperación y sus ojos volvían a caer presas de la soledad. Su rostro volvió a su posición y volvió al insulso y frío suelo. Segundo tras segundo. Todos ellos parecían no querer verlo… No se daban cuenta.

A cada paso su mirada parecía volver a despertar, vislumbrando aquella vorágine negativa en la que se veían inmersos. Tan insípidos, tan desaprovechados, tan infelices… Preocupados por un futuro esclarecedor y fructífero, parecían elementos rutinarios camino hacia ninguna parte. Sometidos a un proceso de olvido, parecían perder lo realmente importante… La vida.

Pero veía incapaces sus ansias de destaparles esa oscuridad. Lo más valioso en sus manos y parecían desgastarse en un mundo ajeno a la realidad. Encuadrados en el abúlico retiro de un aparato que parecía suplir lo intenso del día a día. Parecían no darse cuenta, parecían no querer verlo… La oportunidad de vivir.

Parecían formar frases de desamparo a cada pestañeo que forzaban. Parecían querer ahogarse olvidando lo sustancial de la verdad… Vivían bajo el carácter desdichado que le abanderaba un mundo envuelto en decepción… No se daban cuenta.

Perdida entre las meditabundas notas de una melodía pulimentada, ya no podría seguir manteniendo el temblor de unas aterciopeladas lágrimas que empapaban los recuerdos de la felicidad. La débil luz de sus ojos se apagaba. La vida se le iba escapando entre los dedos con demasiada rapidez…

No se daban cuenta…

… Ella.

“El día ideal nunca llega. Hoy es el día ideal para aquellos que han decidido que así sea”. Oratio Dresser

Las mentiras de una realidad impuesta.

¿A ti qué te pasa? ¿No entiendes todavía las bases sobre las que crees ser alguien? ¡Que sí hombre! Procúrate una buena imagen y echa a correr. Ya no vale ser un mero justificante formativo de años trabajados e ilusiones decoloradas. Tu opción más beligerante se abre paso ante un mundo lleno de negatividad y tú todavía no sabes ni moverte como ficha.

No seas tú. Tu valor ya no existe, te lo han arrebatado junto a los derechos que un día te hicieron creer que te pertenecen o que tú mismo has creado en tu largo proceso hacia la discordancia. Deja de soñar, ya no sirve tu imaginación sin un contacto que te avale. Ya no eres tú, eres aquel que. ¿Te sorprende?

No emprendas. Confórmate con seguir cabizbajo el camino de la vida sin rechistar y bien calladito. Así es tu diseño, una funesta sombra que no hace más que oscurecer aún más lo que “algún día” y “nunca será”. ¡Ánimo!

No tengas ideas. Pequeños matices virginales que dan esperanza a tu rebosante ego, enfrascándote poco a poco en tu propia ignorancia. Pierde tu tiempo en crear el eslogan de tu “marca”: ¿Cambiamos el mundo?… o mejor: ¿Sabes de lo que hablas? Y todo esto sin tiempo para quitarte esa carita de pérdida de tiempo que se te pone cada vez que me lees.

No te expongas. Imagen, imagen, imagen… Tanto trabajo para formar tu yo paralelo que ya ni sabes en cual existes. Sólo te queda eso, disfrazar un sueño en profesionalidad, agacharte y apretar bien fuerte para no dejar escapar un sollozo de inocencia que todavía intenta abrirse paso. No te dejes amilanar por comentarios hirientes, sigue bien arrogante creyendo fuertes tus pasos y no mires atrás. Ése es nuestro estilo.

No seas diferente. ¿Todavía sigues aquí?…¡Corre, corre!… que al final te alcanza tu fracaso. Una fuerza que salpicada en sorna muestra lo insignificante que puedes llegar a ser. ¿Vas a permitir eso? Siempre puedes volver, ya no existen ritmos en movimiento. Ya no existes ni siquiera tú; disfruta de ser uno más. ¿Ya?… Sigamos.

No pierdas el tiempo. Años y más años… años de tu vida creyéndote en una mejora de tu reminiscencia, años dedicados a una pasión cuya verdad se subraya en arcaicos intentos de sobrevivir en un desierto de mentira. Años que no volverán, y sabrás de su valor en la soledad de tu futuro. Cuatro paredes que truecan cada segundo perdido por un turbio pasado de recuerdos ajenos al mundo profesional. Vas por buen camino.

No seas valiente. ¡Fuera! ¡Vete fuera! Aprovéchate de la corriente circular global; aprovéchate ahora que aún no te ha golpeado la realidad; aprovéchate de tu valentía aún sin saber qué significa. Todo es sencillo, prosperidad en cada rincón y huida hacia delante. Como cuando crees saber montar en bici y vuelves con la boca sangrando. ¡Ahora sin manos!

Dime la verdad, ¿Crees sinceramente que todo esto representa tu realidad?… Yo creo que no.

Te conviertes en el contraste de una situación que nos ahoga en cada segundo parte de nuestro tiempo. Porque lo que realmente sabes es que tu único fracaso es dejarte llevar por una falsa realidad que está diseñada para descifrar la tuya propia.

Te resumes en una oportunidad para no caer en una rutina que no hace más que mermar tu verdadero potencial y mantenerte obnubilado en cada segundo que se olvida de ti.

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Esto no ha hecho nada más que empezar. Tú decides:

O te mueves, o te quedas atrás.

“Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana”. Walt Disney

Sí, Walt Disney.

Somos la generación del ¿NO?

En cierta medida todos nos sentimos afectados  por una situación económica adversa de la que todavía nos seguimos desparasitando. Un proceso por el que nuestras bases se ven de algún modo distorsionadas. Pero, ¿Te has parado a pensar alguna vez en lo trascendental que resulta dicha situación para nosotros?

Hemos llevado a cabo una encuesta a un total de 100 personas de entre 18 y 27 años de edad basada en tres simples preguntas dentro del marco situacional actual. Las preguntas formuladas fueron las siguientes:

  1. ¿Crees que la situación económica del país nos influye en nuestro rendimiento laboral?
  2. ¿Consideras que la situación pesimista en la que nos encontramos repercute en el proceso de emprendimiento de los jóvenes?
  3. Hoy en día, ¿Tienen más difícil los jóvenes emprender en España?

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Podemos observar en las dos primeras preguntas cómo se sigue un patrón general que se declina hacia una visión negativa de cara a un futuro emprendimiento. (1º Pregunta: 76 Sí, 24 No; 2º Pregunta: 93 Sí, 7 No). Esto denota la manera en la que creemos que esta situación resulta en detrimento de nuestro propio desarrollo profesional.

Sin embargo en la tercera pregunta vemos como una mayoría refleja que a pesar de todo, no existen tantas barreras para emprender a nivel personal (44 Sí, 56 No).

“Elige un trabajo que te guste, y nunca tendrás que volver a trabajar en tu vida”. (Confucio)

Es interesante observar el espíritu de ilusión de los jóvenes por enfrascarse en nuevos proyectos. No esperábamos unos resultados tan relevantes, un halo de positividad que podemos traducir en una generación sumergida en la innovación, en el continuo cambio y en el desarrollo de la flexibilidad como cualidad innata.

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Esto demuestra que nos encontramos ante una nuevo modo de pensamiento estructurado para convertirse en el futuro del cambio. Una corriente circular que pasa por su punto más discordante. La incertidumbre del equilibrio.

Porque no te equivoques, estamos en la mejor época para innovar y ser creativos. ¿Vas a dejar que factores que no dependen de ti mermen tu verdadero potencial? Piénsalo…

“El realismo es para pesimistas. Un optimista crea su propia realidad”. (David Harley)

7 rasgos de un emprendedor de éxito.

  “El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar” Enrique Dans

¿Te consideras una persona emprendedora? Te estaba buscando. Un buen emprendedor se define como un compendio de aptitudes que se encuentran perfectamente dirigidas hacia un único objetivo. Todo ello se traduce en 7 hábitos que comparten todos los profesionales de éxito:

Creatividad: Si tu objetivo es lanzarte al proceso del emprendimiento debes desarrollar tu lado más espontáneo, dejar margen a tu imaginación. La superación de tus límites se basa en tu capacidad creativa.

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Amancio Ortega, fundador del grupo empresarial textil Inditex, en una entrevista para el diario 20 minutos: “Mi forma de trabajo es crear e innovar y no mirar resultados. Ideábamos todos los días sin partir de una idea preconcebida. Hay que potenciar la unidad entre el diseño y el área comercial.”

Observar y reflexionar: Cuando estamos convencidos de una idea cometemos el error de no parar y reflexionar. Queremos llegar hasta el final y a veces demasiado rápido. El objetivo no se consigue sin una buena capacidad de análisis, de reflexión y de asimilación.

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Bill Gates, discurso en Davos 2008: Algunos de nosotros somos tan afortunados que nos llega un momento en la vida en que podemos hacer una pausa, reflexionar en nuestro trabajo y decir: “Esto es una maravilla, divertido, emocionante y útil, lo podría hacer el resto de la vida”. 

Colaboración: Adoptar una actitud abierta, ser flexible y considerar la colaboración entre emprendedores como una necesidad actual. No tengas miedo por compartir ideas, ya que sólo podrás alcanzar beneficios si recoges diferentes puntos de vista.

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Presidente de Google, Schmidt: “Los cinco mil millones de personas que aún no están conectadas a internet, porque, si la red ahora es así de alucinante, imaginaos cuando todos formemos parte de ella. La web está evolucionando hacia una inteligencia colectiva, una conciencia colectiva.”

Planificación: Cualquier idea debe tener como base una buena planificación. Un buen emprendedor debe tener estructurado su mecanismo de supervivencia para poder alcanzar sus objetivos de forma progresiva.

The U.S. Elections and Mexico: A View from Both Sides of the Border

Bryan Dyson, ex Presidente de Coca Cola expuso en su discurso de despedida: “Imagina la vida como un juego en el que estás malabareando cinco pelotas en el aire: tu trabajo, tu familia, tu salud, tus amigos y tu vida espiritual. Pronto te darás cuenta que el trabajo es como una pelota de goma. Si la dejas caer, rebotará y regresará. Pero las otras cuatro pelotas: familia, salud, amigos y espíritu son frágiles, son de cristal.

Estrategia: Definir tus metas a través de un buen entramado estratégico, teniendo en cuenta todos las vías disponibles y a través de un buen estudio de mercado.

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En una conferencia ante inversionistas de Goldman Sachs, Tim Cook (sucesor de Stevie Jobs en Apple) planteó lo siguiente: “Apple es una compañía única con una cultura particular que se puede recrear. Steve nos enseñó durante muchos años que la compañía debería girar en torno a nuevos productos y debemos estar plenamente conscientes de las pequeñas cosas que no hicimos bien.”

Networking: Seguir trabajando tu red de contactos y búsqueda de clientes potenciales o colaboradores, generando confianza y conexión. Todo ello debe estar respaldado por un buen plan de marketing.

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Francisco González, Presidente de BBVA: “El sector financiero está cada vez más influido por la tecnología y los clientes serán cada vez más digitales y en el futuro, la relación con los bancos se realizará principalmente a través de dispositivos móviles”

Innovación, asumir riesgos: Requiere un alto grado de compromiso  personal , inversión de recursos y persistencia en el tiempo. La innovación sólo es posible bajo un liderazgo positivo, a través de acciones que favorezcan al desarrollo creativo y a la superación de obstáculos.

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Mark Zuckerberg, cofundador de Facebook: “El peor error es precisamente no cometer ningún error. En un mundo que está cambiando rápidamente la única estrategia que te garantiza no fallar está en no tomar ningún riesgo, y no cambiar nada”.

María Cano

Cada cosa que vemos esconde algo más que queremos ver...

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